16 octubre 2020
Perú
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José Miguel Chueca: ´Llegó el ansiado protocolo; ahora falta la fecha´

(Perú, Exclusivo SoloAzar).- Tras la aprobación del "Protocolo Sanitario Sectorial ante el COVID-19 para salas de juego” en Perú, a cargo del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), y la visita de autoridades a las salas para verificar su implementación, José Miguel Chueca Santa María, Director de JMC Gaming Consultants, realizó su análisis en exclusiva para SoloAzar.

No es noticia fresca saber que el protocolo sanitario para las salas de máquinas tragamonedas y casinos de juego ha sido aprobado. Tampoco es novedad conocer que la Ministra de Comercio Exterior y Turismo, Dra. Rocío Barrio Alvarado, ha visitado salas y casinos en Lima y provincias, verificando la correcta implementación del protocolo y su nivel de exigencia. Todo ello corresponde a una cadena de acciones y gestiones hechas por muchas personas, encabezadas, como corresponde, por el Regulador del sector, Ing. Manuel San Román.

Con la calma y objetividad del caso se ha revisado el protocolo puntualmente, de manera aislada a la influencia de cualquier otro protocolo similar o comparativamente aplicable que pudiera existir. El resultado es que tenemos en frente un documento que establece un nivel de seguridad óptimo para los visitantes. No se ha dejado nada “al azar”, sino se ha optado por establecer procedimientos medibles y trazables que garanticen la seguridad en todo aquello que puede ser verificable.

Así, por ejemplo, se eliminan los puntos de contacto. El DNI (documento de identidad) no será entregado, sino mostrado. Se privilegia el uso de dinero electrónico y medios de pago sin contacto, se refuerza la higiene por la desinfección unitaria de cada máquina cada vez que un jugador se levanta de un equipo. Se restringe el aforo al 50%, con lo que se eliminan los cruces de personas en los pasillos, y los visitantes de compañía a aquellos clientes que van en busca de diversión en los locales.

El ingreso al local responde a las medidas del llamado “protocolo general”. Es decir, medición de la temperatura por medios sin contacto (cámara o termómetro infrarrojo) y aplicación de alcohol en gel. A discreción de cada local podrá aplicarse algún elemento de desinfección sobre la ropa, en forma de rociador o spray.

No habrá alimentos ni bebidas, por lo que no habrá necesidad de quitarse las mascarillas (tapabocas o barbijos) dentro de los recintos. Además, se exige el uso de un cobertor facial. Hay que hacer la salvedad de que la única razón para quitarse los elementos de protección será cuando el cliente se lave la cara (si lo quiere hacer) o se hidrate tomando agua en alguna de las estaciones dispuestas al interior de las salas.

Incluso los operadores se ven en la obligación de apagar permanentemente la mitad de las máquinas de una sala. Esto es un golpe financiero duro, sin dudas. Va a obligar a vivir en una realidad transitoria por unos meses, luchando aún por la sobrevivencia. Porque los gastos operativos y las obligaciones financieras seguirán siendo al 100%, pero los ingresos son una incógnita y, en todo caso, la operatividad es al 50%.

Hasta acá, por más que uno vuelva a leer, no encuentra puntos flojos en el protocolo. Como sostiene nuestro regulador, y con razón, se estará más seguro dentro de una sala que en la calle.

Reviso, ahora sí, otros protocolos e intento establecer algún paralelo que me permita encontrar puntos de convergencia en los criterios aplicados, por diferentes personas y organizaciones, para autorizar el funcionamiento de los negocios.

¿Cómo estamos en relación con un restaurante? Sin duda alguna, mucho más seguros. Mientras que en uno resulta inevitable quitarse la mascarilla para comer, en nuestro caso no hay razón, salvo lo explicado líneas arribas, para retirarse la mascarilla. Es más, el cliente debe permanecer con un protector fácil, bajo el entendido de que está en un ambiente cerrado donde la ventilación puede ser un inconveniente. ¿Y no es igual en un restaurante? En este punto la equidad se rompió.

¿Qué pasa con los cajeros automáticos de los bancos? Según se lee en los carteles colocados al lado de ellos, se desinfectan cada media hora dentro del horario de atención. Quiere decir que los sábados por la tarde, los domingos y los feriados, estas máquinas están en uso, pero no se desinfectan, ni siquiera se limpian. Y con honestidad puedo afirmar que he estado frente a un cajero automático dentro de una agencia bancaria durante más de media hora, en día laborable, esperando a que lo desinfecten, y muchas veces (me atrevería a decir que la mayoría), no lo hicieron, al menos no a tiempo. Y no ocurre solamente en un banco, aunque tampoco en todos. Pero es innegable que hay una falta de control absoluta en este punto.

Sigo revisando actividades similares y me encuentro con los centros comerciales. Lugares más amplios y ventilados, sin duda, donde el aforo no se controla. Y es que los encargados de controlarlo son las tiendas. Esto tiene sentido, si es que se hiciera realmente, pero no se da. Lo que se verifica es que “no existan puntos de concentración de público”, según me explicaron en una conocida tienda por departamentos. Nuevamente, parece que algo no está bien.

Reviso a los locales de apuestas deportivas, puntos de venta retail, no kioskos. Acá la situación se va al extremo, ya que no hay toma de temperatura en la puerta, el gel, cuando está disponible, es “por si el cliente quiere aplicárselo”. En la mayoría de estos locales, solamente está la persona encargada de la atención, que hace las veces de cajera, y que no tiene el plexiglass de protección que la aísla del cliente. Y del aforo no hablemos, acá entra y sale quien quiere. Es decir, hay un mundo paralelo, una realidad diferente, un entorno privilegiado. Consulto y me explican que estos negocios no tienen un protocolo específico por no depender de alguna regulación u organización en particular. Pero ¿tampoco tienen que cumplir el protocolo general? Acá se rompió cualquier intento de igualdad, de homogeneidad.

 

¿Qué sucede entonces? ¿Por qué los casinos y salas de máquinas tragamonedas, que han demostrado durante años que son capaces de cumplir protocolos, y de hecho los cumplen, siguen siendo castigados con el olvido de muchas autoridades? No lo entiendo. Por donde se mire tenemos un protocolo más exigente, una preparación extensa en el cumplimiento de medidas regulatorias, estamos siendo permanentemente fiscalizados y controlados y contribuimos, de acuerdo con el tamaño de nuestros negocios, con una presión tributaria de casi el 50%. Pero seguimos esperando la luz verde, la fecha que nos de la nueva partida de nacimiento para aquellos que lograron sobrevivir en este tiempo, mientras vemos otros ejemplos que tiene condiciones más laxas y, algún otro, que incluso llega a operar bajo los estándares que se fijan ellos mismos.

 

Tengo que decir que MINCETUR y la DGJCMT están haciendo todo lo que corresponde, con mucho esfuerzo y dedicación, y que nosotros, como parte del sector los apoyamos y respaldamos. ¿Qué falta entonces? Nuestra industria está lista, tenemos un protocolo y ya está implementado. No hay razón para seguir dilatando nuestro regreso al trabajo.